26.4.17

Simone de Beauvoir. No se nace mujer...

No se nace mujer: se llega a serlo. Ningún destino biológico, psíquico, económico, define la imagen que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana


De "El segundo sexo"
    

25.4.17

Susan Sontag. Muy Querida _____

«Muy querida _____

»Lamento no haber escrito antes. La vida es dura, y es difícil hablar cuando estamos apretando los dientes...»





En "La conciencia uncida a la carne.
Diarios de madurez, 1964-1970"
    

24.4.17

Wislawa Szymborska. Antaño nos sabíamos el mundo al dedillo:

Antaño nos sabíamos el mundo al dedillo:
-tan pequeño que cabía en un apretón de manos,
tan fácil que se describía con una sonrisa,
tan común como el eco de las viejas verdades en los rezos.

La historia nos saludaba con fanfarrias de gloria:
-echaba arena sucia en nuestros ojos.
Aún nos esperaban rutas lejanas y sin salida,
pozos envenenados, pan agrio.

Nuestro botín de guerra es el saber del mundo:
-tan enorme que cabe en un apretón de manos,
tan difícil que se puede describir con una sonrisa,
raro como el eco de las viejas verdades en los rezos.




En "Antología poética"
    

23.4.17

Karin Boye. En el fondo de las cosas

Leí en el periódico que alguien había muerto, alguien a quien conocía de nombre.
Ella vivía, como yo, escribía libros, como yo, envejeció y ahora está muerta.

Imagínate estar ahora muerta y haber dejado ya todo atrás,
angustia, miedo y soledad, y la culpa implacable.

Pero hay una gran justicia escondida en el fondo de las cosas.
Todos tenemos una gracia que esperar- un don que nadie va a robar.


[De sju dödssynderna, 1941]




En la antología "Poesía nórdica"

22.4.17

María Zambrano. Sobre "Claros del Bosque"

"Claros del bosque dentro de mi pensamiento vertido en lo impreso, salvo alguna excepción, aparece como algo inédito salido de ese escribir irreprimible que brota por sí mismo y que ha ido a parar a cuadernos y hojas que nadie conoce, ni yo misma, reacia que soy a releerme. Tenía que suceder por fuerza. Mas creo que el carácter de ofrenda de Claros del bosque a la persona a quien va dedicado en su tránsito tiene que ver en ello, acentuando así el carácter de ofrenda que todo lo que he publicado tiene desde siempre. Nada es de extrañar que la razón discursiva apenas aparezca. Con anterioridad esboce una "Crítica de la razón discursiva" que no podría prometer que salga de ese estado. Creo, pues, que como libro es el que más responde a esa 'idea' hace tiempo formulada de que "pensar es ante todo -como raíz, como acto- descifrar lo que se siente", entendiendo por sentir el "sentir originario", expresión usada por mí desde hace años. Y también que "el hombre es el ser que padece su propia trascendencia" en un incesante proceso de unificación entre pasividad y conocimiento, entre ser y vida. Vida verdadera, sorprendida tan sólo en algunos claros que se abren en la espesura inicial entre cielo y tierra. Y en el remoto horizonte donde cielo y tierra, ser y vida, vida y muerte se anegan".


Sobre "Claros del bosque"

21.4.17

M. Carmen Caramés Gorgal. El poema emerge en la catarsis...

El poema emerge en la catarsis,
en la soledad telúrica y diagonal
que me succiona en las venas.
Así es que me desangro en cada verso
en un gotear constante
de días devorados por la angustia
y por el miedo.


De "De los días oscuros"
    

20.4.17

Carolyn Forché. Como niñas juntas

Bajo la cuesta nevada
clavados en el invierno entero con luces
de Navidad, esperamos a que tu padre
cortara sus pasteles de jabón, terminara su whiskey,
a que tu madre llevara su café de habitación
en habitación apagando las luces
atrapadas en la nieve bajo nuestros pies.
Sujetándonos por las mangas
de nuestros abrigos nos deslizamos
por la vereda en nuestros vestidos
negros y ajustados, por pantanos de cristal
y el rostro muerto de cada casa oscura,
sobre el hielo dorado
del tabaco que fue escupido, la calma
azul de los lagos, con la ciudad
brillando bajo las ciegas
colinas blancas y una escasa
nieve parpadeando en las estrellas.
Tú tarareabas blanche comme
la neige y hablabas de Montreal
donde una quebeçoise podría cantar,
tomar el rostro de cualquier hombre
hacia la blusa desabotonada de una mujer
y despertar para el vino en la mesa
de noche.
Siempre he creído,
Victoria, que hay
un modo de salir.
Estabas avergonzada de esa casa,
sus redondas latas de harina,
res astillada y frijoles,
vales de ayuda y viajes de invierno
que siempre terminaban en venado
tieso atado al portaequipajes del coche,
el acordeón de tus tíos
bajados del norte, y lo que
llamabas la estupidez
del francés de Michigan.

Tu espejo se adornó
con fotos de militares
que tomaron tus pechos
en sus manos, los botones
de tus blusas con sus dientes,
que te dieron las borlas
de seda de su graduación,
chaquetas bordadas con dragones
del Lejano Oriente. Guardaste
los corchos que dispararon
de las botellas desde sus camas,
sus cartas con cada ciudad
ennegrecida, sobres con cabello
de sus cabezas rapadas.

Voy a tenerlo, dijiste.
Flores envueltas en periódico de carros
en Montreal, un avión elevándose
de Detroit, una cama de satín, una mesa
repleta de botellas de esencias.
Así que parada en una pista de hielo
afuera de un salón católico de baile
tomaste sus collares
en tus delgadas manos congeladas
y mentiste sobre tu edad para volverte adulta.

Entonces yo no tenía pechos,
ni cartas provenientes de campos de entrenamiento
y cuando uno de los hombres que habías
reunido a tu alrededor acercó mi boca
a la suya no hubo nada
además de la música del salón
elevándose a los brazos de los árboles helados.

No sé dónde estás ahora, Victoria.
Dicen que tienes hijos, un tráiler
en la nieve cerca a nuestra ciudad,
y que el marido que encontraste cuando niña
volvió al Lejano Oriente roto
maldiciendo la santa sangre en la mesa
donde todas las noches una pila de virutas blancas
son pagadas desde el borde de su cuchillo.

Si lees este poema, escríbeme.
He estado en París desde que nos separamos.


De "El país entre nosotros"

         

19.4.17

Mercedes Pinto. Aspiración

Camino de Luna, de calma,
de paz...
Camino sereno...

Y para mi esperanza
qué más?

Ir contigo en el silencio,
en busca del mar...
Agitar de alas...
y de tiempo en tiempo, mirar
hacia atrás...

Las frentes de plata; la sombra
a los pies;
y de cuerdas nuevas
la red...


De "Cantos de muchos puertos"
        

18.4.17

Solveig von Schoultz. La estrella

Libéreme súbito un brazo
de los brazos que me ceñían
y lo alargué y con él toqué una estrella:
justo, allí estaba, sin cambiar color,
la estrella allí seguía con sus puntas azules
y mía, sólo mía:
         la estrella en su espacio
nos sonreímos
volviéndonos después
         cada cual a su cielo.




De "Baja tu luz"

17.4.17

Anne Michaels. Vigor azul

Pienso que si has vivido una guerra
o si has levantado tu hogar en un país
que no es el tuyo o si has aprendido
a amar a un solo hombre,
entonces tu vida tiene una historia.

A ocho mil pies por encima de las plegarias del mar
navegan las cuatro colinas del Ngong.
El Viento del Este - "el caballo favorito del Rey Salomón",
sigues la ruta del monzón hasta mi granja,
el desierto en tu ropa y pelo.

Si amas a otro hombre que no sea tu marido,
tu vida se convierte en la historia que todo el mundo cuenta.

Durante meses nos quedamos inmóviles como animales
alertas ante el enemigo. Acechábamos con la tensa
pasividad de lo inevitable.
Con la paciencia y la impaciencia de la obsesión.

Te aprendo
como aprendí el río 
a las afueras de mi granja,
no puedo verlo desde la casa,
pero adivino su senda en las acacias
que crecen a su vera.

Lo que no puedo prever
me lleva hasta ti.
En representación del más alto deber
mi marido me hizo un regalo perdurable.
Gangrenada por su mal d'amour,
tuvieron que enviarme a casa.
Casi treinta años, de vuelta a casa de mi madre.
Cuando pude volver a caminar, su brazo menudo
me guiaba por el jardín,
las manos de la peonía relucientes
como los acres de café que dejé atrás.
Me apoyaba en ella,
echando de menos su juventud y la mía.
Volver a casa.
Aunque el matrimonio se había acabado,
tenía la granja.
Aunque no nos habíamos tocado aún,
suspiraba por Ngong y por tu cuerpo.

Insomne en el barco
me agarraba con fuerza a la barandilla
inclinándome hacia el futuro.
Negar la felicidad de los demás
al negártela a ti mismo
solo es cosa de la miseria humana.

Sé cuál es tu precio
porque te das a ti mismo
justo cuando te vas.
Cada encuentro pule nuestra forma de sentir,
juntos somos piedras transmutándose en joyas,
judías laqueándose en el secador de café
relucientes bajo las linternas.

Cuando nos quedábamos en tu casa
sobre el Tankaunga, la luna permanecía firme
a las sacudidas del cielo.
Tan vivos como remansos de coral,
en los que el agua labra la piedra
y la piedra labra el agua.

Cada vez que vuelves 
me pides otra historia.
Tu forma de escuchar me permite amarte
cuando te has ido.
Mi carencia nos habría encerrado a ambos en mí
sacándome de mi piel
como a un insecto bajo el dosel por la noche,
si no fuera por las palabras.
Cada día escribo para saludarte.

Esas mañanas en las que tu ausencia enfría
un lado de la cama,
me levanto a la ventana para amarte,
las colinas del Ngong me acogen.

En cada despedida 
mi corazón se ve forzado a ensancharse,
porque la única manera de amarte,
es amar cada partícula de naturaleza
y cada parte animal de la vida
-músculo, piel y hueso-
que se estira, se mueve con rapidez y se oculta
a la vista desde esta habitación.

Y ahora que has aprendido a volar,
y que realmente cabalgas el Viento del Este del Rey Salomón,
tengo que amar el aire.




De "Miner's Pond"