23.4.18

Marilynne Robinson. Imaginación y comunidad

A lo largo de los años he reunido tantos libros que, en conjunto, bien podría considerarse que forman una biblioteca. No sabría decir qué porcentaje de ellos he leído. Cada vez con más frecuencia, me pregunto cuántos de ellos llegaré a leer. Eso no ha enfriado en lo más mínimo mi pasión por adquirir más libros. Pero me ha llevado a reflexionar sobre el significado que tienen para mí, y sobre el hecho de que encarnen en buena medida las bondades de la bondad de la vida.


De "Imaginación y comunidad"
uno de los ensayos del libro "Cuando era niña me gustaba leer"
    

22.4.18

Emily Dickinson. Morir por ti fuera muy poca cosa...

Morir por ti fuera muy poca cosa,
pudo hacerlo cualquiera de los griegos.
Vivir es más difícil,
y eso es lo que te ofrezco.

Morir no es casi nada, algo pasado,
pero vivir incluye
el morir muchas veces
sin tener el alivio de estar muerto.


En "Morí por la belleza"
     

21.4.18

Erica Jong. Sobre Charlotte Brontë

La brillantez de Charlotte Brontë consiste en haber creado un mito que encarna la realización de los deseos femeninos. El universo de Jane Eyre se rige por leyes femeninas. El éxito de Jane como heroína radica en su ruptura de todas las reglas decretadas para las mujeres del siglo XIX. Franca cuando debía ser sumisa, atrevida cuando debía ser agradecida, parece que a Jane Eyre nunca le dijeron que era tan poco agraciada como las hermanastras de Cenicienta y que no tenía por qué rechazar a un pretendiente rico antes de enterarse de que ella misma había heredado una fortuna. Es un cuento de hadas que invierte todas las reglas de los cuentos de hadas. No me extraña que haya impresionado a los lectores con las misma fuerza que un estallido de luz en medio de la noche más oscura.



De "La voluntad indómita de Jane Eyre"

En el libro "Qué queremos las mujeres"

    

20.4.18

Amélie Nothomb, A menudo los libros...

A menudo los libros que nos sentimos llamados a leer sin saber por qué suelen marcar nuestro destino.


De "Riquete el del Copete"
     

19.4.18

Sonja Åkesson. Preguntas a un confortador

Tú fantaseas sobre la muerte.
La muerte es honrada, dices.
Es absurda,
por lo tanto, honrada.

Quieres decir que algo es honrado?
Quieres decir que algo no es absurdo?

Qué quieres decir, por cierto, con "honrado"?

Por cierto: qué quieres decir con "absurdo"?


De "Fuera brilla el sol"
En la antología "Vivo en Suecia"
    

18.4.18

Emily Brontë. 135

Si hubiera falsedad en mi pecho,
no habría zarzas en mi camino,
este espíritu no habría perdido su reposo,
estas lágrimas nunca habrían manado.


En "Poesía completa"
     

17.4.18

Carmen Martín Gaite cita un poema de sor Juana Inés de la Cruz

La monja mexicana sor Juana Inés de la Cruz, en las Redondillas contra las injusticias de los hombres al hablar de las mujeres se expresa así:

   Hombres necios, que acusaís
   a la mujer sin razón,
   sin ver que sois la ocasión
   de lo mismo que culpáis;
   si con ansia sin igual
   solicitáis su desdén,
   cómo queréis que obren bien
   si las incitáis mal?
   Combatís su resistencia
   y luego con gravedad
   decís que fue liviandad
   lo que hizo la diligencia.
   Dan vuestras amantes penas
   a sus libertades alas
   y después de hacerlas malas
   las queréis hallar muy buenas.
   Pues para qué os espantáis
   de la culpa que tenéis?
   Queredlas cual las hacéis
   o hacedlas cual las buscáis.

Las dos últimas estrofas de este poema ponen el dedo sobre la llaga principal de la cuestión. Las mujeres no existían como tales, las fabricaban los hombres, eran el reflejo de lo que la literatura registraba, bien superficialmente, por cierto. Pero en su verdadera condición, en la naturaleza de sus ansias, contradicciones y sufrimientos no profundizaba nadie.


De "Desde la ventana"
    

16.4.18

Alejandra Pizarnik. Salta con la camisa en llamas...

Salta con la camisa en llamas
de estrella a estrella.
de sombra en sombra.
Muere de muerte lejana
la que ama al viento.


De "En esta noche, en este mundo"
     

15.4.18

Sharon Olds. Noche de domingo en la ciudad

Cogidos de la mano, yacemos en la cama,
con nuestras largas piernas cruzadas como alas
dobladas, nuestros largos pies tocando el
umbrío pie de la cama, tallado como una lápida
con uvas. Tienes el cabello encrespado, oscuro
como el nogal, rizado como los zarcillos de
parras. Tu mano derecha reposa en mi
mano derecha. Mi mano izquierda en la tuya.
Con los brazos enlazados como patinadores, yacemos
bajo el cuadro de tierra cultivada: la maleza
oscura y nublada como el humo, los árboles
elevando sus ceniceros esqueletos de pez,
y en el centro, encima nuestro,
el estanque en calma
silencioso como si fuera eterno.


De "Satán dice"